Querida tristeza

Día frío y gris. Mi calendario hoy lo componen principalmente cierres y despedidas con clientes y compañeros de trabajo. La alegría y adrenalina del cambio, está acompañada por una tristeza que permanece en la sala. Una sensación que suele sobrevolar en algunas despedidas; de alguna manera, todo pesa un poco más, algo que ayuda al abrazo con el que muchas veces terminan éstas reuniones.


La tristeza forma parte de nuestras despedidas, pero también forma parte de nuestras bienvenidas y eventos que solemos celebrar con alegría. Y es que la alegría no se puede entender sin la tristeza; dice un cantautor cubano: "El que tenga una canción tendrá tormenta, el que tenga compañía, soledad". Sin embargo, la tristeza actualmente no tiene tanta fama y popularidad como otras emociones. Es muy probable que si le decís a alguien, "estoy ahuevado, triste", te intente animar, o termina invitándote a bailar o a tomar un par de tequilas.


Si bien hay días que estoy más atento, en mi camino al trabajo, en mis sesiones con mis clientes, en el bus; veo tristeza (y muchas razones para acudir a ella), pero no solemos hablar mucho de ello. Hay algunos que cambian de tema, otros que no saben dónde mirar, otros dan consejos, otros vuelven a invitar tequila.

No promuevo la tristeza, pero sí un primer paso que pueda llevar a la apertura de otras emociones o sensaciones que no suelen aparecer en la taza de café ni en los post de LinkedIn acompañados por "hashtag SiemprePositivo". Invito a darle un espacio a la tristeza en tiempos donde la narrativa de la felicidad llena redes sociales y discursos de "gurús".


No todos son maravillas al estar triste. Una tristeza prolongada y constante, puede que no sea sostenible. La tristeza pueda llegar a ser una carga extra en el día a día, un aplazo constante de citas, un motivo para no salir en la mañana. Sin embargo, en muchos casos, estar triste hoy, ahora, no quiere decir que mañana no pueda ver las cosas desde otro lado...

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