Cuando se nos pega la bata blanca

Al iniciar la carrera de psicología, puedo decir que no tenía mucho conocimiento del área. Nunca me vi atraído por las manchas del Rorschach, ni por las preguntas de un test de personalidad. Desde el inicio sabía que quería orientar mi carrera a la terapia. Y cómo no va a ser, justo al iniciar topé con Freud.


Rápido me vi atraído por el desarrollo psicosexual, por las actos fallidos y los mecanismos de represión. Pronto, al adentrarme en otros enfoques, encontré aquellos con los que me sentí más cómodo para aplicarlo en mi práctica terapéutica.


La práctica supervisada me fue llevando a enfoques distintos, coqueteando con técnicas gestálticas, utilizando técnicas de bio-feedback, o trabajando con una familia desde el enfoque de Milán.


El mundo terapéutico es vasto, con decenas de modelos con diferentes filosofías y formas de trabajar con el sufrimiento humano. Sin embargo, desde una perspectiva científica, hay algunos que cuentan con mayo respaldo , y hay otros que caen en la categoría de enfoques pseudocientíficos, con fuerte presencia en el gremio y foco de crítica.


Ahora, hay un lado del que se habla menos, que se podría decir que el lado "más científico" del espectro, donde profesionales se apegan a modelos médico-psiquiátricos con fuerza, a protocolos y diagnósticos. Algunas veces, desde este lado, critican con fuerza a Freud y el Psicoanálisis.


Si bien un enfoque basado en la evidencia científica garantiza que ha sido puesto bajo la lupa, no podemos caer en el error de pensar que a mayor respaldo científico, mayor eficacia en la intervención. El mayor peso sobre este tema, recae en otras variables más allá del enfoque terapéutico, por ejemplo, en la relación terapéutica.








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