Breve Reflexión sobre la masculinidad hegemónica

El concepto de masculinidad hegemónica refleja, evidencia y abarca todos aquellos comportamientos y acciones ejercidas desde la vivencia de la masculinidad, que no construyen ni edifican acciones positivas en las interacciones y que por el contrario, minan y menoscaban los esfuerzos por superar estructuras sociales, que suelen implantar mandatos errados e inadecuados en el comportamiento de los seres humanos. Suele ser una suerte de combinación entre características de personalidad, una manera muy específica en cómo se procesan los conceptos de lo masculino y lo femenino y acciones poco asertivas que limitan las interacciones y el desarrollo pleno de los hombres, con un fuerte impacto en las mujeres.


La masculinidad hegemónica la sufrimos todos y todas en mayor o menor medida. La sufre el hombre que carga con todos esos mandatos que crean en su estructura psíquica, emocional y personal, un peso enorme que debe sobrellevar a través de rituales, acciones, eventos, condiciones, etc., que hagan demostrar a otros pares que es un “hombre de verdad”, “hasta las últimas consecuencias”, viendo muchas veces comprometidas su integridad física, psicológica y emocional.


La sufre la mujer que bajo una crianza reforzada en estos conceptos, le imprime un dejo de inferioridad, subordinación y dependencia injusta y a todas luces inadecuada; y desde luego el lastre que implica la violencia psicológica, emocional y física que suelen vivir muchas mujeres como consecuencia de una masculinidad mal entendida y mal vivida.


La sufre la persona con una orientación sexual distinta a la heteronormatividad, que al no calzar con todo ese paquete de conceptos y rituales, es víctima de la exclusión, la humillación y la violencia que este paquete trae consigo.



No obstante y haciendo honor a esa hermosa habilidad que tenemos como raza, que es la capacidad de desarrollar empatía para con las otras y otros; la capacidad intelectual para entender cuáles variables edifican y construyen y cuáles solo propician escenarios negativos en nuestra convivencia, quiero quedarme con lo positivo; con los hombres que van tomando conciencia de que esto está mal, que trabajan esa masculinidad hegemónica y la superan, que entienden que es un peso negativo para ellos y aprenden a disfrutar como hombres desde una visión de construcción para con ellos mismos y que por lo tanto, aportan a una mejor construcción de la sociedad.







Es gratificante observar esfuerzos por parte de las personas desde lo individual y lo colectivo, para trabajar de manera constante estos temas, sacarlos del “tabú” y hacerlos cada vez más evidentes y por ende modificables. Esfuerzos desde los espacios de terapias grupales e individuales, en hombres y mujeres que poco a poco van entendiendo una nueva y sana manera de asimilarnos como tales y a la vez van construyendo un escenario más alentador en el que prima el respeto, la justicia y la igualdad. Creo que al final se impondrá no solo la cordura, sino el bienestar que las sociedades vayan experimentando, fruto del cambio de estos paradigmas y las sociedades se vayan construyendo a base de seres humanos plenos, felices y que se sienten, se perciben y se saben plenamente respetados y en condiciones de igualdad absoluta.


Debemos propiciar más espacios que faciliten el autoconocimiento en las personas y en esa conexión con nosotros/as mismos/as, podamos identificar y trabajar las ideas y estructuras que limitan nuestro crecimiento personal. Sean los espacios terapéuticos particularmente resaltados en estos esfuerzos; ambiciono una sociedad en la que todas las personas tengan acceso al menos una vez en su vida, a un proceso de autoconocimiento y trabajo consigo mismo/a, a través del acompañamiento terapéutico.


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