Mi diagnóstico y yo



Si alguna vez has ido al médico lo más probable es que hayas recibido alguna evaluación diagnóstica. Hoy quiero escribir del diagnóstico dentro de la psicología o la salud mental, que es donde al fin al cabo me siento con mayor capacidad de opinar.

Creo que la relación que tenemos con nuestro diagnóstico es algo de lo que hablamos poco. Estamos empezando a hablar sobre nuestra salud mental y hablamos de nuestros diagnósticos y problemas, pero no hablamos de cómo nos llevamos con estas etiquetas y clasificaciones.

Algunas personas me cuentan que cuando recibieron un diagnóstico sintieron cambios en la forma en la que los demás los trataban. Sus relaciones recibían comprensión, contención y atención. Sus experiencias empezaban a tener sentido y podían acceder al tratamiento y soporte que necesitaban. En algunos casos una cierta conexión con otras personas ayudaba a reducir el aislamiento y el estigma.

Otras veces la relación con el diagnóstico ocupaba tanto espacio que las personas explicaban toda su experiencia en base a los criterios de su diagnóstico y olvidaban hacer espacio para lo demás. No conversaban sobre lo que sí estaba funcionando o de lo que no funcionaba pero que no era parte del diagnóstico.

Mi posición como psicóloga ante este último efecto no es neutra. Trabajo en un contexto donde gracias a los diagnósticos las personas reciben soporte, atención y recursos. Y me siento afortunada de ver esto y de ser parte de ese soporte. En este contexto mantenemos conversaciones sobre logros de nuestros clientes que incluyen tomar el bus o ir a comprar al supermercado. Estas experiencias están presentes en las vidas de la gente con las que trabajo y son dignas de atención.

Frecuentemente pienso en todas las experiencias que no son parte de un diagnóstico y en todas las veces que no prestamos atención a nuestra experiencia cuando nos sentimos bien.

Finalmente, quiero invitarte a elegir un objeto de tu entorno que funcione y no esté a la vista. Puede ser el sofá, un electrodoméstico, el carro, los pantalones, la mochila... cualquier cosa. Cuando lo hayas elegido piensa en sus colores, en la textura, el peso y todo lo que puedas describir. Yo elegí mi secadora de pelo. Funciona perfectamente y al escribir esto no soy capaz de recordar si es totalmente negra o tiene grises, si se dobla en dos o no. Quizá soy solo yo, pero valía la pena intentar.

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